Jesucristo, ¿fue un ser extraterrestre?

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Ante todo, ¿qué entiendes por extraterrestre? Lo primero que se debe hacer para entender la Biblia es definir los términos básicos que esta utiliza. Y lo segundo, procurar entender claramente lo que significan las palabras mismas según un diccionario académico.

Ninguna clase de comunicación puede existir, ni se puede entender claramente, si no se conocen los códigos que se usan para transmitir el mensaje, ya se trate de un antiguo jeroglífico egipcio, las jergas entre pandillas, correos encriptados, idiomas extranjeros o una simple receta de cocina. 

Si no supieras cocinar, ¿preferirías que te digan: "Añada cinco mililitros de jugo de limón, y después cuatro onzas de azúcar, o: "añada 1 cucharadita de jugo de limón, y después ½ taza de azúcar"? Hablar de cucharaditas y tazas se entiende mejor, ¿verdad? (lógicamente, si las medidas deben ser estrictamente exactas, tendrías que usar un instrumento de medición).

Igualmente, si no te familiarizas con el significado de ciertas expresiones sería poco lo que podrías avanzar en tu estudio de la Biblia. Por ejemplo, si no sabes lo que significa exactamente la palabra infierno, difícilmente podrías discernir lo que realmente quiso decir el redactor de la palabra. 

Cuando Jesús dijo: "¡Destruyan este templo y lo levantaré en tres días!", no se estaba refiriendo al templo de Jerusalén, sino a su cercano asesinato y resurrección. Pero los que no sintonizaron le respondieron: "Tardaron 46 años en levantar este templo, ¿y vas a reconstruirlo en tres días?". ¡No entendieron que les hablaba de su cuerpo! Pasaron por alto el hecho de que el Maestro solía usar ilustraciones y luego las explicaba. (Mateo 13:34, 36) Si alguien verdaderamente mostraba interés y solicitaba humildemente una aclaración o explicación, Jesús se la daba con mucho gusto. 

En cierta ocasión dijo que para salvarse sus discípulos debían comer su carne y beber su sangre, y los que no entendieron la simbología, sintieron repulsión, se sintieron ofendidos y se retiraron murmurando contra él. Pero los que captaron la idea ejercieron fe en él. (Juan, capítulo 6)

No todo lo que está escrito en la Biblia debe tomarse de manera literal. Tampoco toda ella es simbólica. Pero cuando se trata de los códigos correctos, no debemos buscar el significado en las bibliotecas del mundo, ni en Google o YouTube. ¡La Biblia misma contiene la numerología y la simbología! Solo hay que encontrar la información mediante el estudio y la ayuda del espíritu santo.

Por ejemplo, ¿qué representa la simbología del "caballo", del color blanco o de la levadura cuando se los usa en parábolas? Igualmente, si no entiendes para que se usa a veces el número 4, el 3, el 7, el 10, el 12, el 24 o el 666, tampoco entenderás por qué se usa en determinado pasaje ni hacia dónde apunta el contexto de dicho conocimiento. La explicación está allí mismo en la Biblia. Pero hay que buscarla, encontrarla y luego analizar si es literal o simbólica.

Por otro lado, si no entiendes el significado de una palabra individual, difícilmente entenderás el texto completo. Por ejemplo, en cierta traducción se citan estas palabras de Jesús: ‘Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y Él os dará otro paráclito [y] el paráclito que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho’. Si no entiendes lo que significa paráclito, no entenderás absolutamente nada. Paráclito significa "ayudante" o "consolador".

"Yo soy de arriba"

Esto es particularmente interesante cuando alguien pregunta si Jesucristo fue un ser extraterrestre, porque él dijo la verdad y fue muy claro cuando afirmó: ‘Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. (Juan 8:23) Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y regreso al Padre." (Juan 16:28) Mi reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría luchado para que yo no fuese entregado a los judíos: Pero mi Reino no es de aquí." (Juan 18:36). El día que dijo: "Yo existí antes que Abrahán", agarraron piedras para tirárselas. 

Juan 13:1 no dice: "Se acercaba la fiesta de la Pascua y Jesús sabía que había llegado su tiempo para abandonar este mundo e irse al Padre", sino: "Se acercaba la fiesta de la Pascua y Jesús sabía que había llegado su tiempo para abandonar este mundo y volver al Padre", indicando por enésima vez que había procedido del cielo, la morada de Dios, no de algún planeta lejano.

Y Juan 1:18 no solo dice que Jesús es "...el único dios que vive en el cielo...", sino que es: "...el único dios que vive en la falda del Padre", indicando la muy cercana, exclusiva y elevada posición que Jesús ocupaba -y ocupa- en el cielo con relación a su Padre. En ninguna traducción se lee en ese pasaje que Jesús era su propio Padre. De hecho, algunas lo vierten del griego como "el unigénito", "el Hijo unigénito", "el dios unigenito", etc.

Hoy, a pesar de que mucha gente habla con fascinación y misterio acerca de extraterrestres, supuestos astronautas de la antigüedad, fantasmas, contactos espiritistas, experiencias paranormales, reencarnaciones, exorcismos, etc., irónica y paradójicamente pocos están dispuestos a prestar atención a las respuestas que daba Jesús, alguien que vez tras vez dijo que había venido como representante del que lo envió. Muchas veces afirmó sin rodeos que no pertenecía a este mundo, que no era de las regiones de abajo y que no era de la tierra.

Y no solo "habló". ¡Hizo milagros impresionantes y cosas que aún hoy, con toda la tecnología descubierta, serían imposibles de replicar! De hecho, hubo quienes decían: "Nunca nadie ha hablado así". Otros: "Cuando venga el Cristo, ¿acaso hará más milagros de los que hizo este?". (Juan 7:31, 46; 9:31-33) Del mismo modo, irónica y paradójicamente, después de realizar un milagro por demás impresionante, los líderes religiosos y gobernantes del pueblo le pedían "una señal" que probara que él era el profeta anunciado por Moisés (Deuteronomio 18:17:22; Malaquias 4:15)

Y para quienes no hubieran visto sus milagros con sus propios ojos y posteriormente todavía abrigaran dudas de sus credenciales como el Profeta, les servirían como confirmación 1) su resurrección del año 33; 2) la destrucción del templo del año 70; 3) la Primera Guerra Mundial temprano en el siglo veinte; y 4) el alcance abarcador, imparable e indiscutible de la difusión y distribución de la Biblia, que contiene precisamente las buenas nuevas del Reino de los Cielos y que alcanzo niveles sin precedentes a inicios del siglo veintiuno.

Y finalmente, para los más escépticos, ocurrirían cumplimientos y acontecimientos aún más impresionantes para que no les queden excusas de la exactitud del cumplimiento de las profecías de Jesús (Lucas 21:11, 25; Apocalipsis 1:7) Lamentablemente, ya no habrá oportunidad de salvación, no debido a que el Padre no hubiese querido salvarlos, sino porque ellos mismos se negaron a dejarse salvar. (Isaías 65:11-14)

Por lo tanto, la respuesta a la pregunta: "¿Fue Jesucristo un extraterrestre?" es: "sí" y "no", dependiendo de lo que entiendes por ‘extraterrestre’.

Bajo el término “extraterrestre”, el Diccionario de la Academia nos ayuda a entender que puede referirse tanto a 1. Un objeto que viene del espacio exterior, o no perteneciente a la Tierra, o a 2. Un ser que supuestamente proviene del espacio exterior a la Tierra.

Aquí el diccionario no aplica mal la palabra "supuestamente", puesto que al tiempo de escribirse esto nadie ha confirmado que hayan venido a la tierra seres de otros mundos, entendiéndose por "mundos" otros planetas. Jesús nunca dijo que provino de otro planeta. Fue muy específico al decir que provino del Padre y regresó adonde el Padre. (1 Timoteo 6:16)

No obstante, vemos que las definiciones del diccionario antes mencionadas se circunscriben al mundo físico, al espacio exterior o universo. Sin embargo, Dios es un espíritu, los ángeles también, y no pertenecen al mundo físico, material (Hebreos 1:7). 

Al referirse a "los cielos" o a "las regiones de arriba", Jesús estaba hablando de una dimensión, estado o zona invisible, de luz inaccesible, diferente al ámbito físico. ¡Hablaba de la región espiritual donde moraba su Padre! Se trataba de una región envuelta en una energía distinta a todo lo que el hombre sería capaz de investigar o descubrir con equipos tecnológicos!

Si Jesús no nos hubiera explicado todo lo que abarcó su mensaje, no hubiéramos podido descifrar siquiera una de las profecías relacionadas con los últimos días del reino de Satanás y la restauración de todas las cosas. Gracias a Jesús se pueden aclarar todos los secretos y misterios. (Juan 1:18; Mateo 10:26; 13:35; )

Basta con leer Juan 13 al 17 para formarnos una idea clara del propósito por el cual vino del cielo, de qué manera continuaría su obra después de regresar al Padre, y lo que debemos hacer ahora que se ha acercado el tiempo para que Satanás sea encerrado y se dé paso al Reino de Cristo (Apocalipsis 20:1-3). Entonces se llevará a cabo la renovación de todas las cosas (Hechos de Apóstoles 3:21; Mateo 19:28), la resurrección de los muertos (Juan 5:28-29; 11:24) y el fin de la rebelión contra Dios (Genesis 3:15; Isaías 11:9; 45:23).

Jesús fue un ser terrestre en el sentido de que llegó a ser un hijo de la humanidad por haber sido concebido por espíritu santo, nacido de María, hija de Helí, como descendiente en línea directa del rey David. Esto ya lo había previsto Dios. Tenía que ser así para el cumplimiento de Su propósito de rescatar a la humanidad de las consecuencias del pecado. (Isaías 7:14; 9:6; Mateo 26:52-54; Lucas 19:10; Juan 10:7-15; Hebreos 9:15) 

Pero no llegó a existir como humano antes de nacer como tal en la tierra ni tampoco después de que Dios lo resucitó. (Juan 14:28; 20:17) Antes de nacer en la tierra ya existía como un ángel o espíritu, y Dios lo comisionó para salvar a la humanidad obediente. Pero no vendría como un ángel materializado, sino como un hombre nacido de mujer. (Gálatas 4:4) Luego de cumplir su misión volvió a la región espiritual, pero coronado de una gloria mayor a la anterior. (Marcos 1:15; Juan 19:30; Hebreos 2:9)

Ahora bien, para responder a la pregunta del título de este artículo tambien es necesario tener en cuenta que el diccionario no define lo 'extraterrestre' en términos pasivos, es decir, como algo "no procedente de la Tierra", sino en términos activos, como algo "procedente del espacio exterior". En ese sentido no podemos decir que Jesús es un extraterrestre. Porque cuando él dijo que había venido del Padre y de "las regiones de arriba", es decir, no de este mundo, no se refería a que procedía del espacio exterior, de otro planeta, de una estrella, de otra galaxia del universo ni de algún supuesto universo paralelo. Él se refería al cielo donde moraba su Padre. No se refería a un lugar físico ni material, sino espiritual.

¿Era un ser de otra dimensión?

Entonces ¿era de otra dimensión? Esa pregunta es un poco más complicada, porque si los cielos espirituales tuvieran límites, podríamos hablar en términos de dimensión, porque volviendo al asunto de los significados y las definiciones, una dimensión es algo mensurable, es decir, que se puede medir; pero si no, no podríamos referirnos a ello como una dimensión, ya que toda dimensión implica límites, tamaño, medida, longitud, área o volumen, ya se trate de una línea, una superficie o cuerpo.

Ahora bien, es cierto que la Biblia dice que deberíamos llegar a ser capaces de entender cuál es el 'ancho', 'longitud', 'altura' y 'profundidad' del amor del Cristo. Pero esa es una ilustración. Se refiere a ello en términos figurados, no literales, porque el amor de Cristo no es algo físico. No tiene ancho, largo, alto y profundidad, como si fuera una caja o una pelota (Efesios 3:18-19). De modo que no debe tomarse literalmente para afirmar que el cielo tiene una dimensión, por más extraña, misteriosa o lejana que nos parezca

También es verdad que Jesús dijo: ‘En la casa de mi Padre hay muchas mansiones (o moradas)’, lo que daría a entender que, aunque el cielo es espiritual, no tiene un límite. Definitivamente tiene lugares establecidos. (Juan 14:2-4) Muchos pasajes de la Biblia hacen referencia al cielo como el lugar de habitación del Padre y de los ángeles. (1 Reyes 8:39; Mateo 6:9-10) 

De hecho, Apocalipsis 12:10 dice el Diablo y sus ángeles serían expulsados del cielo, y Judas, en el versículo seis de su epístola, dice que se les vetaría para siempre el acceso de regreso. Dicho de otro modo, aunque por un tiempo señalado los demonios retendrían su naturaleza espiritual, nunca más podrían volver al cielo. Claramente se trata de una ubicación o lugar espiritual inaccesible, fuera del universo físico.

El rey Salomón dijo esto en una oración, refiriéndose a Dios: ‘El cielo y lo más alto de los cielos no pueden contenerte (1 Reyes 8:27). En otras palabras, Dios es mayor que su creación física. La Biblia aclara que los cielos espirituales sobrepujan y trascienden los cielos físicos, o sea, al universo físico donde existen los planetas y galaxias. 

Si bien las Escrituras no indican explícitamente que el cielo espiritual tenga límites, por lo menos no nos deja en ignorancia respecto al hecho de que existen locaciones específicas, y que el universo físico efectivamente sí tiene límites, algo que la ciencia reconoce abiertamente. Los teóricos afirman que todo empezó con un Big Bang y que desde entonces el universo se ha seguido expandiendo. Por lo tanto, si se expande, significa que hace tiempo fue más pequeño y que por tanto tiene un límite, que aún es desconocido por el hombre.

De hecho, después de resucitar, Cristo no entró en un templo hecho por la mano del hombre, al templo físico que estaba en Jerusalén, el cual Jesús había predicho que sería destruido. (Éxodo 25:40; Heb 7:44; 8:5) La historia no puede negar que sus profecías se cumplieron al pie de la letra.

La Biblia dice que Cristo entró en el cielo mismo después de resucitar para presentarse ante de Dios a favor nuestro y pagar el rescate. Eso significa que recibió acceso a un lugar espiritual, fuera de las dimensiones o confines de la tierra y del universo. (Mateo 20:28; Hebreos 9:24)

Como vemos, el cielo al que se refieren tanto Mateo como el apóstol Pablo no es el cielo físico, es decir, fuera de la tierra y dentro del universo, sino al cielo espiritual, un lugar que trasciende las dimensiones o medidas humanas, incluido a nivel cuántico. 

Por eso, cuando Jesús se refirió a las regiones de arriba, lo hizo en sentido figurado para que entendiéramos que la morada espiritual de Dios es de un orden más elevado que el de los hombres en términos de gloria y esplendor. No aludió a una ubicación geográfica ni cosmológica.

Cuando la Biblia habla de las medidas del templo espiritual, lo hace en sentido simbólico para que entendamos algo en términos humanos, no para que entendamos que el cielo puede medirse en términos humanos. (Ezequiel 40:9-11, 20-28, 35; 41:13-15; 42:15-20; Romanos 6:19; Apocalipsis 21:16-17)

Por lo tanto, Jesucristo no fue un ser extraterrestre en el sentido de que vino de otro lugar del universo fisico, según la definición del diccionario, ni como lo representan las películas y testimonios de quienes afirman haber visto personajes de color verde, cabeza de calabaza y ojos de hormiga; sino en el sentido de que no era -ni es- de este mundo, de esta Tierra. Él procedía de una región espiritual que trascendía el entendimiento dimensional del simple hombre mortal.

Por tanto, antes de nacer, vivir y morir como ser humano Jesús fue un ser extraterrestre en el sentido de que no provino de este planeta ni de ningún lugar del mundo físico, sino de los cielos espirituales donde moraba su Padre y adonde regresó después de cumplir su comisión.

Por eso, afirmar que Jesús fue un extraterrestre no transmite adecuadamente su naturaleza, no porque el término sea totalmente inexacto, sino porque muchos han exagerado la definición del término, dándole una interpretación incorrecta.

¿No era de este mundo ni de esta Tierra?

Por lo tanto, al decir que Jesucristo no era de este mundo ni de esta Tierra dejamos en claro que por ‘mundo’ y ‘Tierra’, la Biblia no se refiere siempre a lo mismo.

Es cierto que el término ‘mundo’ se usa como sinónimo de ‘tierra’, es decir, del planeta Tierra (Génesis 1:26-30), pero en su contexto la Biblia establece una clara diferencia.

La Biblia puede referirse por 'mundo' o 'tierra' a los sistemas de vida que el hombre ha establecido (gobiernos, administraciones, ideologías, filosofías y tradiciones, costumbres y estilos de vida), y suelen usarse coloquialmente cuando decimos : "Todo el mundo lo sabe", "El mundo se ha vuelto loco", "el mundo antiguo fue destruido por el Diluvio". 

Y usa la palabra ‘tierra’ para referirse específicamente a los pobladores, ciudadanos o súbditos de los gobiernos terrestres, como cuando se dice que Dios es el juez 'de toda la tierra', o 'toda la tierra era de un solo lenguaje'. (Génesis 18:25) No se refiere a que va a juzgar al planeta ni a los elementos del terreno, ¿verdad? Las plantas, montañas, mares y animales no serán juzgados, sino las personas que viven en el planeta tierra. Decimos: "En mi tierra somos muy abiertos", "Internet ha llegado a casi toda la tierra".

Por último, no pasemos por alto que, aunque solemos llamarlo Jesús o Jesucristo, el nombre que se le dio en la Tierra [Jesús] no era el nombre que tuvo en el cielo antes de venir al mundo ni el que recibiría después de volver al cielo. Su Padre lo coronó con una gloria mayor y le dio un nombre, connotación o título muy superior. (Filipenses 2:9-11; Apocalipsis 3:12; 19:16)

Por lo tanto, Jesús no fue parte de este 'mundo' en el sentido de que no formaba parte del sistema de cosas establecido y gobernado por Satanás. Jesús no fue enviado por ningún gobierno humano. (Juan 15:18-19) Más bien, fue embajador, enviado o representante de un mundo o arreglo de cosas o ámbito superior al físico. Por esa razón no se inmiscuyó ni aceptó que lo involucraran en los asuntos políticos del país donde residió como humano, mucho menos en su mundanalidad, desorden y libertinaje. Y también por eso les advirtió  a sus discípulos que no se envolvieran en los asuntos del mundo, sino que se mantuvieran al margen.

Jesús no pertenecía a la 'tierra' en el sentido de que no provenía de ella. Aunque fue transferido a la tierra por nacimiento y así llegó a convertirse en Hijo del Hombre, sus orígenes fueron muy anteriores a eso. (Mateo 9:6; Juan 8:58) Después de resucitar regresó al cielo, es decir, adonde había vivido antes, pero ya no para continuar en sus funciones anteriores, sino para efectuar un servicio muy superior. (Daniel 7:13-14; Isaías 9:6)

En conclusión, Jesús no fue un extraterrestre en el sentido de haber venido de otro lugar del universo físico, sino en el de haber venido como representante y embajador del cielo. Su objetivo nunca fue permanecer aquí por más tiempo del requerido ni formar un reino humano. Sabía que llegaría el momento de regresar al Padre y delegar los asuntos a sus discípulos, a fin de continuar con la difusión del mensaje.

Siglos atrás Satanás y sus demonios pecaron contra Dios y abandonaron su lugar en el cielo. (Judas 6-7) Jesús no haría lo mismo. Cuando llegó el tiempo de partir, él partió, no en una nave espacial. Sabía que tendría que morir y entregar su cuerpo en sacrificio, y al tercer día su Padre lo resucitaría. Entonces regresaría al lugar al que siempre había pertenecido: el cielo, la morada de su Padre y de los ángeles. (Juan 13:1)

¿Y hasta cuándo sus discípulos tendrían que anunciar las buenas nuevas? En otras palabras, ¿cuándo dejarían de predicar el Reino? Mateo lo explicó claramente: hasta que llegara el fin, o como o lo hubiera dicho Noé poco antes del Diluvio: hasta que Dios cierre la puerta. (Génesis 7:16; Mateo 24:14, 38)

La humanidad no necesita que supuestos seres extraterrestres vengan a decirle lo que tiene que hacer para resolver los problemas que sus gobiernos han causado a lo largo de los siglos desde la fundación del mundo. No es un secreto que, con pocas excepciones, la corrupción rodeó a la corrupción, la injusticia a la justicia, el libertinaje a la libertad, el descontrol al control, el egoísmo al altruismo y la competencia a la cooperación.

Desde tiempos anteriores a Noé el mensaje ha sido el mismo. No ha cambiado. Y tampoco cambió el mensaje de esperanza para quienes se esforzaran humildemente por hacer caso. El mensaje de Jesucristo fue muy claro desde el principio de su carrera, y ya ha sido difundido a grado cabal en toda la tierra. Quien no haga caso la pasará muy mal. (Marcos 13:10; Lucas 13:1-5)

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