¿Por qué hay tanta maldad en el mundo?



Mucha gente de buen corazón se pregunta por qué hay tanta maldad en el mundo, sobre todo por el grado al que ha llegado. Pero al preguntar a sus guías religiosos, usualmente reciben una respuesta parecida a esta: "¡Es la voluntad de Dios! Seguramente Él tiene algo preparado para ti, para poner a prueba tu fe", como si Dios no tuviera nada más que hacer que andar tendiendo trampas por ahí para hacer caer a uno. Pero ¿dice eso la Biblia? ¡En absoluto! ¿No sería más lógico razonar que es el Diablo quien haría esas cosas?

Lo que la Biblia dice es que "Dios es amor", y ningún padre amoroso manifestaría la contradictoria voluntad de probar a sus hijos exponiéndolos a cosas malas y al mismo tiempo afirmar que es un padre amoroso, ¿no es verdad? (Juan 4:8; Job 34:10-12)

¿Qué hubiera contestado Jesucristo si le hubiesen hecho la misma pregunta? Seguramente se hubiese referido a algún pasaje de las Escrituras, como era su costumbre, y nos hubiera ayudado a razonar sobre el particular. Pues, eso es lo que él acostumbraba hacer para explicar las cosas, y el cristiano concienzudo debe seguir su ejemplo al responder preguntas de los que quieren saber lo que Dios piensa respecto a todo asunto.

Es fácil para un pastor dar una respuesta basada en la tradición o en sus experiencias personales o en su propio criterio. Y es fácil para el que pide consejo recibir una respuesta simple y no tener que esforzarse por buscar los pasajes de la Biblia que lo ayudarán a encontrar la respuesta. Pero ¿qué consecuencias puede tener ese método que no imita el ejemplo docente de Jesús? Un ejemplo nos ayudará a razonar en lo que puede pasar.

La esposa de un hombre cometió adulterio. Ambos eran de una religión cuyos líderes religiosos decían que un divorciado ya no podía volver a casarse. De modo que un tiempo después del divorcio el hombre le preguntó al sacerdote si podía volver a casarse. La respuesta fue un rotundo "¡No!" con aspavientos, ademanes, gestos de desaprobación y palabras desalentadoras. Por eso el hombre nunca volvió a casarse, envejeció y vivió solo el resto de su vida, triste y deprimido.

Un alguien le dio a leer Mateo 5:31-32, y el hombre le dio la razón al cura. Sin embargo, después le dio a leer Mateo 19:3-9 y se dio cuenta de que el requisito no era tan estricto, sino que era posible casarse nuevamente bajo ciertas circunstancias. (1 Corintios 7:39) Entonces lamentó no haber investigado el asunto cuando era joven. Lamentó mucho haber seguido el consejo de alguien que no supo usar la Biblia para aconsejar. Y se dio cuenta de la importancia de investigar antes de dar por sentado que todo lo que los guías religiosos dicen es cierto. Pasó toda su vida solo, habiendo podido casarse nuevamente.

Por eso, en este asunto de por qué permite Dios el sufrimiento tenemos que hacer lo mismo y no dar por sentadas las explicaciones absurdas que dan quienes contestan sin tener un conocimiento verdadero de la Biblia.

Por ejemplo, en su angustia, el profeta Habacuc preguntó una vez a Dios: "¿Hasta cuándo, Señor, he de pedirte ayuda sin que me escuches? ¿Hasta cuándo he de quejarme de la violencia sin que tú nos salves? ¿Por qué me haces presenciar calamidades? ¿Por qué debo contemplar el sufrimiento? Veo ante mis ojos destrucción y violencia; surgen riñas y abundan las contiendas. Por lo tanto, se entorpece la ley y no se da curso a la justicia." Y Dios le contestó: "Porque los malos rodean a los justos. Por eso las sentencias que se dictan son injustas". (Habacuc 1:1-4)

Así es. Desde el punto de vista de Dios es innegable que los malos son mayoría. Y podemos comprobarlo todos los días viendo las noticias. Por eso hay tanta maldad y por eso Jesús dijo que el juicio de Dios se expresaría de manera drástica contra la mayoría. El apóstol Pablo explicó esta espiral de decadencia moral, diciendo: "Los hombres malos y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados". (2 Timoteo 3:13) No estaba diciendo nada nuevo. El profeta Isaías ya lo había escrito: "Los malvados son como un mar en tempestad, que no puede estarse quieto y sus aguas arrojan alga marina y fango. '¡No hay paz para los impíos!, ha dicho mi Dios'", y sería una tendencia en los últimos días, ante la proximidad del Reino de Dios (Isaías 57:20-21; Lucas 11:2; 21:25)

Se suponía que la religión encausara la moralidad de los pueblos. Pero los resultados que se ven alrededor del mundo, en todas partes, en casi todas las religiones, cristianas y no cristianas, es una prueba evidente de su fracaso como promotoras de paz y amor, lo cual a su vez prueba que Dios no está con ellas y de que Jesús va a pedirles cuenta, una por una, hasta poner al descubierto la verdad. ¿Cuál podrá mantenerse en pie ante el Cordero? ¿Cuál podrá decirle: "Hice tal como me indicaste"? ¡Al contrario! Hasta cantidades de líderes religiosos a veces se ven envueltos en crímenes contra la humanidad. ¿Y Jesucristo no les pedirá cuentas? ¡Definitivamente!

Jesús advirtió a sus discípulos: "Entrad por la entrada estrecha. Porque la entrada que lleva a la aniquilación es ancha y espaciosa y muchos entran por ella. Pero la entrada y el camino que lleva a la vida es estrecho y angosto y pocos son los que lo encuentran. (Mateo 7:13-14) Eso significa que ser cristiano no sería fácil, ni que sus discípulos podrían acomodar los principios bíblicos a su antojo para seguir pecando y, al mismo tiempo, recibir el favor de Dios.

La Biblia siempre fue constante al remarcar que lo malo era malo y siempre sería malo; y que lo bueno era bueno y siempre sería bueno. Pero la mayoría nunca se puso en vías de alcanzar la salvación. No porque Dios no hiciera nada, sino porque la gente rara vez desea de corazón hacer lo que es recto desde el punto de vista de Dios. La mayoría cierra los ojos y los oídos. (Mateo 13:15) Siempre está acomodando la Palabra de Dios a sus caprichos, a fin de que lo malo que hace no parezca tan censurable, y lo bueno que Dios manda parezca solo una exageración de su parte, algo que debería adaptarse al cambio, a la moda y a las costumbres locales.

Isaías 5:20-25 dijo esto a los de la antigüedad: "¡Ay de los que dicen a lo malo bueno y a lo bueno malo, que hacen de la luz tinieblas y de las tinieblas luz; que ponen dulce por amargo y amargo por dulce! ¡Ay de los que son prudentes y sabios a sus propios ojos! ¡Ay de los que se creen valientes por beber mucho vino y hombres fuertes que mezclan bebidas, que por un soborno declaran justo al culpable, y le quitan sus derechos al justo! Por tanto, tal como la lengua del fuego consume el rastrojo y la llama devora la paja, así será su raíz, como podredumbre, y su flor se desvanecerá como el polvo. Porque despreciaron la ley de Jehová de los ejércitos y repudiaron la palabra del Santo de Israel. Esa fue la causa por la que se encendió el furor de Jehová contra su pueblo, y extendió contra él su mano hiriéndolo; y se estremecieron los montes y sus cadáveres fueron arrojados en medio de las calles. Y con todo, no ha cesado su furor. Su mano todavía está extendida."

La Biblia es clara: "No admitas un simple chisme, y no te pongas de acuerdo con los malos como testigo falso. No vayas tras la mayoría para hacer cosas malas, ni respondas en un litigio inclinándote por la mayoría para agraviar a otros, ni siquiera te parcialices con el pobre en su causa simplemente porque sea pobre. (Éxo 23:1-3)

¿Por qué la mayoría parece ser siempre tan mala?

Porque el mundo es de ellos. Así de simple. Jesucristo mismo lo reconoció cuando dijo: "Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera". (Juan 12:31) ¿A quién se refería? Al enemigo de Dios, al Diablo, hecho que corroboró el apóstol Juan: "El mundo entero está en el poder del malvado", es decir, del príncipe de este mundo. (1 Juan 5:19) Por eso tentó a Jesús en el desierto ofreciéndole poder sobre los reinos del mundo. (Lucas 4:5-8)

Esa es la razón por la que Jesús dijo "El mundo os odia. Mas si os odia, sabed que a mí me odió antes que a vosotros. Si fuerais con el mundo, el mundo os amaría. Porque el mundo ama lo suyo. Pero porque vosotros no sois parte del mundo, sino que yo os saqué del mundo, es por eso que el mundo os odia". (Juan 15:17-19)

La mayoría no acepta que se le hable de las buenas nuevas del reino. Su reacción y respuesta suele ser de desagrado y disgusto, aun con hostilidad, amenaza y violencia, demostrando con ello que está a favor del Diablo, de la injusticia y la maldad. Esa fue la actitud dominante de los amigos de Satanás cuando se enfrentaron a Jesucristo, y seguirá siendo la actitud dominante hasta que venga el Reino de Dios. (Mateo 24:39; 27:39-44)

Por lo tanto, que no te extrañe que exista tanta maldad e injusticia en el mundo. En tiempos de paz, es común ver a la mayoría alabando a Dios por un lado de la boca. Cantan canciones de alabanza, dan ofrendas de toda clase, se golpean en pecho, suplican su favor y hasta hacen chorrear su sangre como sacrificio. Pero cuando las cosas se ponen críticas y no salen como lo planearon, conforme a su capricho, no según la voluntad de Dios, inmediatamente se olvidan de Él y le dan la espalda haciendo precisamente las cosas malas de las que se quejaban, añadiendo injusticia a su maldad. Para muestra, un botón: El 25 de diciembre la mayoría se ve piadosa, pero seis días después, el 1 de enero, se quita la máscara y da rienda suelta a la diversión, a veces con consecuencias desastrosas para el resto de su vida.

Por eso los que quieren obedecer a Dios deben seguir pidiendo: "¡Venga a nosostros tu reino! ¡Hágase tu voluntad en la tierra!" (Mat 6:9-10) Porque cuando venga su Reino realmentese hará Su voluntad en la tierra.

La pregunta clave es: ¿Qué harás al respecto? ¿Te pondrás del lado de la mayoría que rechaza a Dios? ¿O quieres que venga su reino y acabe con toda la maldad e injusticia? Bueno, debes saber que lo que cuenta para Dios no es lo que digas, sino lo que hagas al respecto. (Mat 23:39)

"Pero ¿cómo me beneficiará ser una buena persona en un mundo donde la mayoría es mala?", tal vez digas. Pero mira cómo responde la Biblia: "Aunque el pecador haga cien veces lo malo, y sus días se prolonguen, con todo seguramente les irá bien a los que temen a Dios y lo respetan. No te imagines que le irá bien al malvado, ni pienses que prolongará por mucho tiempo sus días. Porque su tiempo vendrá a ser como una simple sombra, por no haber temido a Dios". (Eclesiastés 8:12-13; Romanos 13:3-4)

De modo que Dios no causa cosas malas, pero sí deja que nos sobrevengan las consecuencias por nuestros propios pecados y nos insta vigorosamente a que dejemos de pecar y que hagamos Su voluntad. Si así lo hacemos, nos evitaremos muchos dolores y sufrimientos. Porque Dios nos da su palabra de que si le obedecemos, nos irá bien pero si no, nos irá mal. (Santiago 1:13)
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