¿QUIEN ES MERECEDOR?

 

En cierta ocasión, Jesús de Nazareth estaba explicando detalles relacionados con su mensaje acerca del reino de los cielos, comparando diferentes aspectos difíciles de entender con conceptos que fueran fáciles de entender.

Hizo algo semejante a lo que una madre amorosa hace naturalmente con su niño para ayudarlo a entender cosas que para él son nuevas o no tan fáciles de entender.

Un niño de corta edad podría confundir ciertos conceptos y terminar malinterpretando lo que le dijeron. Por ejemplo: "El nuevo reino" podría sonarle como: "El huevo reino" y deformar toda la enseñanza. Su imaginación volaría y tal vez después de un año pregunte: "Mami, ¿cuándo nos volveremos chiquitos?".

Su madre, confundida, quizá le preguntará: "¿Chiquitos? ¿Y para qué nos haríamos chiquitos?". El niño responde: "Para entrar al huevo". Más confundida, ella insiste: "¿Qué, huevo, mi amor?", a lo que su hijo contesta: "¡El huevo reino!". 

"¡Ah!", ahora ella comprende. Debido a un entendimiento limitado del idioma, cuando oyó: "nuevo reino", lo procesó a nivel infantil como "huevo reino", una palabra que le resultaba más familiar, y desde entonces esperó que todos se volvieran pequeñitos para entrar en el "huevo reino" donde todos serían felices.

Confusión vs. Claridad

Esa simple anécdota nos ayuda a comprender lo que Lucas escribió respecto a Jesús en el capítulo 8 de su evangelio, cuando dijo: "Pongan mucha atención: Al que tiene, se le dará más; pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree que tiene".

En ese capítulo se muestra que estuvo explicando la diferencia entre la claridad (la luz de la verdad) y la confusión (la oscuridad de la desinformación), para que no malinterpretaran sus palabras. ¿Y por qué era eso tan importante?

Porque al aprender la verdad acerca del reino, sus discípulos se sentirían motivados a profundizar en tal conocimiento y a compartir con otros la buena noticia del reino de Dios.

La claridad del entendimiento no solo dependería de Jesús, sino de aquellos que, por medio de prestar mucha atención, captaran la esencia del mensaje y siguieran cultivando cada vez más interés en el Reino.

A eso se refirió cuando dijo que 'al que tenía [entendimiento], se le daría más [entendimiento]; pero al que no tenía [entendimiento], se le opacaría o quitaría hasta el [entendimiento] que creía tener".

Por eso también Jesús dijo: "Pongan mucha atención", y también: "El que tenga oídos para oír, que oiga", es decir, que preste mucha atención a lo que oyen. Así fue como unos pusieron más interés, otros no; unos pusieron más atención, otros no.

Por eso sus discípulos le preguntaron cuál era el significado de la parábola, a lo que respondió: "A ustedes se les concede conocer los secretos del reino de Dios, pero a los demás solo les hablo con parábolas para que "miren, y no vean; y aunque oigan, no entiendan." ¿Se les concede?

No es que Jesús no quería que entendieran, sino que solo entenderían si ponían un interés más que superficial. Se refería a lo que dijo un poco después: "Ésto es lo que significa la parábola", y pasó a darles una explicacion:

"La semilla es el mensaje acerca del reino de Dios. Las que están junto al camino son los que oyen, pero el diablo les quita el mensaje del corazón, para que no crean y se salven.

"Las semillas que caen sobre las piedras son los que reciben el mensaje con entusiasmo, pero no tienen raíz. Creen por un tiempo, pero terminan desanimándose.

"Las semillas que cayeron entre las espinas son los que oyen, pero, con el correr del tiempo, las espinas (las preocupaciones de la vida, las riquezas y los placeres) los ahogan, y llega a madurar.

"Pero -termina diciendo- la semilla que cayó en buen terreno son los que oyen la palabra con un corazón noble y bueno, y la retienen; y debido a que perseveran, producen fruto."

Un corazón noble y bueno

Ese era el meollo de su parábola, el secreto y la diferencia que dividiría a las personas entre las que recibirían más [entendimiento] y las que finalmente terminarían apartándose y, por tanto, no recibirían más [entendimiento]. Es decir, olvidarían incluso lo poco que hubieran alcanzado entender.

Los merecedores serían los que apreciarían la palabra con un corazón noble y bueno, la conservarían y, debido a que perseverarían en su interés, producirían fruto, es decir, continuarían aprendiendo la verdad acerca del reino, se sentirían motivados a profundizar en tal conocimiento y compartirían con otros el mensaje del reino de Dios."

Era una cuestión de salir de la confusión mediante la aclaración o iluminación del entendimiento cada vez más profundo de las Escrituras, según el principio declarado en el libro de Proverbios, capítulo 4, versículos 18 y 19: "El camino de los justos se asemeja a la aurora, cuyo esplendor va en aumento, poco a poco, hasta que el día alcanza su plenitud. En cambio, el camino de los malos es como la oscuridad, ¡que ni siquiera se dan cuenta de con qué tropiezan!".

Jesús entendía muy bien ese principio. Sabía que su mensaje solo calaría en corazones nobles y buenos, en quienes tuvieran oidos que prestarían atencion, conservarían su palabra y no perderian el entusiasmo por recibir más.

Como dijo Jesús:  'al que tiene [entendimiento], se le dará más [entendimiento]; pero al que no tiene [entendimiento], se le quitará hasta el [entendimiento] que cree tener".

A la búsqueda de merecedores

Entre otras instrucciones que Jesús dio a sus discípulos, dijo: "En cualquier pueblo o aldea donde entren, busquen a quien merezca recibirlos, y quédense en su casa hasta que se vayan de ese lugar. Cuando entren, deséenle paz. Si lo merece, que la paz de ustedes entre allí; y si no lo merece, la paz se irá con ustedes a otra parte". (Mateo 10:11-13)

¿Quienes serían merecedores?

No dependía de Jesús, sino de la actitud del recipiente del mensaje: Escuchar atentamente con un corazón noble que no perdiera el entusiasmo, aun en medio de las pruebas.

Recordemos que Jesús previó que el Diablo robaría el mensaje del corazón de algunos, que otros recibirían el mensaje con entusiasmo, pero terminarían desanimándose, otros no madurarian por ahogarse en preocupaciones y por el dinero y los placeres.

Pero sabia que habría quienes oirían su palabra con un buen corazón y darían fruto. Esos eran los "merecedores".

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