¿Puede un cristiano ser violento?

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La violencia y el cristianismo no son compatibles. Nunca lo fueron. La imagen distorsionada que por siglos dieron del cristianismo quienes hicieron apología de la justificación de la violencia con fines proselitistas confundió a la humanidad en general haciéndole creer que la fe y la violencia debían ir siempre de la mano a fin de imponer ideas que de otro modo hubieran sido inaceptables. Pero como escribió el apóstol Pablo en su epístola A Los Efesios: "El Cristo, acerca de quien ustedes aprendieron, no fue así". (Efesios 4:20) El apóstol Juan dijo: "Así distinguimos a los hijos de Dios y los hijos del Diablo: El que no practica la justicia de Dios no es hijo de Dios. Tampoco el que no ama a su hermano." (1 Juan 3:10)

Por eso se convierten en enemigos de Dios los que practican la violencia. Ante todo, los cristianos no son -ni desean tener nada que ver- con la violencia ni la agresividad egoísta. En su corazón solo hay lugar para el amor de Dios, que todo lo soporta. (1 Corintios 13:4, 7).

Es cierto que en gran parte del mundo en que vivimos se menosprecia la tranquilidad de carácter, ya que constantemente somos bombardeados con propaganda que promueve el miedo, la violación a los derechos humanos y la venganza, por citar solo algunos ejemplos. Muchos programas de televisión y películas de cine contienen, en mayor o menor medida, el ingrediente de la maldad. Hasta los cristianos ven que esto es cierto en su caso. Y no pueden evitar completamente salirse del mundo. (1 Corintios 5:9-12) Pero se esfuerzan por no imitar dicho proceder. Ven la violencia como uno de los rasgos característicos del mundo, pero no hacen apologia de ella ni se dejan llevar fácilmente por los sentimientos de venganza.

El amor a Dios es lo contrario del odio. El apostol Juan dejó aclarado el punto en su primera epístola, capítulo 3. Toda persona que se vale de la violencia o la agresión para imponer su voluntad se origina del maligno, labrándose la reputación de malvado.

Más bien, el cristiano que realmente lo es, procura ser apacible de genio, porque sabe que los mansos recibirán la tierra por herencia. (Proverbios 2:20-22; Mateo 5:5) En cuanto depende del cristiano, él se esfuerza por controlarse hasta lo último, y, a veces, tal vez cede a la tentación, pero la próxima vez se controla mejor, porque desea controlarse. (Proverbios 29:11; Romanos 12:18).

El cristiano es instruido por la Biblia para distinguir claramente entre lo bueno y lo malo y reconocer que todo acto malvado es siempre el infeliz resultado de un razonamiento malvado. Si un hombre quiere criar bien a sus hijos, la violencia y la agresividad solo los meterá en líos, porque la violencia siempre ha engendrado violencia. Ese ha sido el lado oscuro de la historia de la humanidad. Jesucristo vino para ayudarnos a rectificar tan absurda manera de comportarnos.

"Yo soy cristiano" es una afirmación que brota fácilmente de los labios de muchos. Pero pocos logran comprender la gran responsabilidad que conlleva ante Dios. De hecho, en la Biblia se lee que toda persona que considera como guía al Señor Jesucristo se pone a sí misma bajo el escrutinio del Señor mismo. Y así como un niño observa y sigue el modelo que le dejan sus padres, los que no lo hacen no pueden esperar su ayuda ni bendición.

La Biblia es clara: La persona o personas cuyas palabras y/o acciones provocan, o de hecho resultan en el derramamiento de sangre mediante la agresión violenta, no están siguiendo a Cristo. Seguir en los pasos de Cristo significa llevar su mensaje y realizar su obra siguiendo el modelo y las instrucciones que Jesús dejó a los apóstoles.

Al indicar que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, las Santas Escrituras implican que existe un perfil o personalidad que también fue creado para armonizar con la voluntad de Dios. Y el espíritu santo no deja ningún vacío en este asunto. El apóstol Pablo dejó registrado lo siguiente en la epístola A Los Efesios, capítulo 4, versículo 24:

"Revestiros del Hombre Nuevo, creado por Dios en verdadera justicia y santidad.
(Efesios 4:20-24)

Existe por lo tanto un perfil, un carácter y una personalidad cristianos que no se basan en suposiciones humanas ni normas de psicología del mundo, sino en el espíritu santo, que los cristianos deben esforzarse por cultivar desde que toman la decisión consciente de hacer la voluntad del Padre. (Hechos de Apóstoles 2:38).

"Dios es amor", escribió el apóstol Juan en su primera epístola, capítulo 4, versículo 8. Por lo tanto, decir "Yo soy cristiano" implica reflejar el amor sublime de Dios, que es la base del verdadero perfil cristiano o personalidad cristiana, un modelo que Cristo dejó a sus seguidores.

"Todo aquel que comete pecado, infringe también toda la Ley, pues el pecado es infracción de la Ley. Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en Él. Todo aquel que permanece en Él, no peca. Todo aquel que peca, no lo ha visto ni lo ha conocido. Hijitos, nadie os engañe: Quien hace justicia es justo, como Él. En cambio, el que practica el pecado es representante del Diablo, porque el Diablo ha pecado desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del Diablo.

"Todo aquel que es nacido de Dios no practica el pecado, porque la semilla de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque ha nacido de Dios. En esto quedan claramente manifiestos los hijos de Dios y los hijos del Diablo: Todo el que no hace justicia y que no ama a su hermano, no proviene de Dios. Porque este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros. No debemos ser como Caín, que imitó al Diablo y mató a su hermano. ¿Y por qué lo mató? Porque sus propias obras eran malas pero las de su hermano, justas.

"Hermanos míos, no os extrañéis si el mundo os odia. Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, porque amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano permanece en muerte. Todo aquel que odia a su hermano es un homicida y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él. En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos dar la vida por los hermanos." (1 Juan 3:4-16)

Por lo tanto, queda claro que el cristiano no agrede con violencia al prójimo. Esa es una característica fundamental del Hombre Nuevo. ¿Nos imaginamos a Jesús dando un puñetazo a los fariseos, o empuñando un arma o un explosivo en su contra? No. El modelo que nos dejó fue que no resistiéramos con violencia a los malvados porque, precisamente, los malvados serían agresivos y violentos y la diferencia debía quedar clara. De hecho, el cristiano sincero es manso, no violento, y lo evidencia con su conducta, porque no toma la iniciativa peleando contra su prójimo. (Mateo 5:5, 38-40)

"Dios es amor". (1 Juan 4:8) Por eso, los cristianos son principalmente amorosos. Jesús dijo: "Felices son los mansos, porque ellos heredarán la tierra". Esa es la razón por la que los cristianos desean ser mansos como ovejas, no violentos como lobos salvajes. Aunque en la Biblia a veces se registraron episodios en los que el pueblo de Dios tuvo que llegar al punto de defenderse, los discípulos del Señor no toman la iniciativa agrediendo al prójimo de ninguna forma. Si alguien desea agredirse a sí mismo, es libre de hacerlo. Pero los cristianos no tienen ningún afán de controlar al mundo mediante ningún medio.

Jesús dijo: "Id por lo tanto y haced discípulos en todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado." (Mateo 28:19-20) Esa era una orden amorosa y paciente, no un mandato de imponerse a patadas. Quienes entendieron eso, entendieron mal.

Por eso, los cristianos predican y enseñan todas las cosas que Jesús mandó, principalmente a amar a Dios y al prójimo. ¿No fue Jesús que rogó a su Padre: "Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo"? Por eso, el cristiano que verdaderamente lo es se esfuerza por hacer la voluntad de Dios en la tierra. Esa fue la orden. Pero eso no hubiera sido nunca posible si primero no hubieran comunicado y enseñado a otros esa voluntad, la cual se describe claramente en la Biblia. Predicar la Biblia era el mandato.

Ser cristiano implica respetar la propiedad ajena. Los cristianos verdaderos no destruyen propiedad que no es suya. Respetan el libre albedrío de cada individuo. Bautizarse, o no, es una decisión personal que los cristianos respetan. Además, como dijo el apóstol Pablo, en 1 Corintios 1:17: "No me envió Cristo a bautizar, sino a predicar". El bautismo estaba reservado para quienes voluntariamente decidieran ponerse de parte de Cristo y hacer la obra.

Por lo tanto, si alguna vez dices en tu corazón: "Soy cristiano", o lo expresas así delante de los demás, pregúntate sinceramente: "¿A cuántas personas he bautizado hasta este momento durante toda mi vida como cristiano?". ¿Realmente eres cristiano? ¿Estás obedeciendo las instrucciones de Jesús de predicar y enseñar la voluntad de Dios a otros? ¿Realmente sabes cuál es la voluntad de Dios? ¿A cuántos has bautizado?

"Esto es lo correcto y agradable delante de Dios, nuestro Salvador: Que todos sean salvados y lleguen a conocer la verdad" (1 Timoteo 2:4). En la epístola A Los Romanos, "la Escritura dice: 'Todo aquel que crea en él no será defraudado'. Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos es rico para con todos los que lo invocan. Porque 'todo el que invoque el nombre del Señor', será salvado. Pero, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar? ¿Y cómo oirán si nadie les predica? ¿Y cómo predicarán si nadie los envía? Por eso está escrito: '¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que llevan las buenas nuevas de la paz!'" (Romanos 10:11-15; Hechos de Apóstoles 2:21).

"Les advierto que no volverán a verme hasta que digan: '¡Bendito es el que viene en el nombre de Jehová!'"
(Mateo 23:39; Salmos 118:26)"

Lo que realmente cuenta es que uno sea cristiano por estar haciendo la obra de Cristo, hablando la palabra de Cristo, amando verdaderamente a su prójimo como a mí mismo y a Dios sobre todas las cosas. (Mateo 22:37-40) El odio, la violencia y toda clase de agresión y maldad no son características de los cristianos, sino del enemigo de Dios.

Jesús dijo: "Por sus frutos los reconocerán" (Mateo 7:16-20) Al hablar de "frutos" y "árboles" Jesús no está hablando de la vegetación del campo, sino de hombres y entidades religiosas, porque el tema era religioso: El Reino de Dios. Se trataba de la semilla y el fruto del Reino.

Dijo: "Por sus frutos [o lo que resulta de su afán] los reconocerán". ¡Qué verdad tan simple y cristalina, reveladora y consoladora! Con esas palabras Jesús iluminó nuestro camino con un potente reflector, para que ningún impostor nos causara tropiezo.

¿Te imaginas a Jesús enmascarado y blandiendo una espada como El Zorro? ¿O regalando patadas de karate y puñetazos a sus opositores? ¡De ninguna manera! Sin embargo, sabemos que sus enemigos se divirtieron mucho agrediéndolo en sus últimas horas de vida en la tierra. Seguramente, los puños se les pusieron rojos de sangre de tanto golpearlo.

Jesús es amor, y espera que los cristianos sean en todo momento amorosos, aguantando bajo presión y haciendo frente a la burla y la opresión de los malvados. Solo así podrán afirmar con toda seguridad que están haciendo la voluntad del Padre. Solo así pueden respaldar la afirmación: "Yo soy cristiano". Sobre todo, el cristiano santifica el nombre del Padre, porque para él es un nombre sagrado (Éxodo 20:7).

"No amemos de palabra ni de boca para afuera, sino en hechos y verdad."
(1 Juan 3:18)